La Cultura se alía en Tabacalera

La Cultura se alía en Tabacalera

Francisca Obregón acabó su último día de trabajo en Cimavilla recogiéndose las lágrimas con un pañuelo de tela. Su imagen está publicada en LA NUEVA ESPAÑA del 1 de agosto de 2002, el día después del cierre definitivo de Tabacalera. En la foto, en blanco y negro, se lee en el rostro de la tabaquera, y en el de sus compañeras, la rabia y la impotencia por ver cómo, de la factoría que llevaba más de un siglo y medio dando de comer al barrio, no iban a quedar ni las cenizas. «Esto ya está muerto. Ya murió», decía Obregón ese día, antes de poner rumbo a Cantabria, dejando marido y dos hijos, y llevándose con ella a su crío de diez años, para trabajar en la fábrica que Altadis, dando plantón a la ciudad, abrió en Santander.