«Ya solo quedamos viejos en Rebollar, y no podemos limpiar el monte o los caminos», constata la octogenaria Elisa García Fernández, con un ojo puesto en el incendio que amenaza desde lo alto a esta localidad degañesa, donde los bomberos libran una lucha sin cuartel para que el fuego no baje a los pueblos. «Terminará bajando, porque todo está muy seco y no hicieron cortafuegos», añade con cierta indignación. Para ella, todo se debe al abandono de las actividades del campo.

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