La de la sidra, como la de la propia Asturias, es una historia de supervivencia. Con un pasado plagado de altibajos, ha sabido renacer tras cada golpe. Una bebida campesina y artesana, que surgió en una región pobre y en una sociedad rural hoy casi en extinción, ha logrado llegar a lo más alto con el reconocimiento mundial de su singularidad. Ya va siendo hora de darle el impulso necesario para que pegue el estirón definitivo.

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