Hay palabras que son como el Delorian. Viajas en el tiempo. Leo «selecto ambigú» y estoy en el cine de mi pueblo, de aquellos de reestreno, que significaba doble sesión con películas que empezaban a hacerse viejas, pipas en unas butacas duras, bocadillos y un ambiente popular. Entre una y otra aparecía en pantalla el cartel con toda esa retórica rancia que anuncia engaño: «Visite nuestro selecto ambigú». La realidad era algo que no eran ni manjares ni exquisitos en un rincón oscuro de la antesala del cine. Pero ya saben que la felicidad necesita más de ilusiones que de ambrosías.
Publicado enOtros Última Hora