En las últimas semanas, el fútbol se ha convertido en un criadero de comportamientos retrógrados. Los insultos desde la grada y en el terreno de juego se han multiplicado en un salto al pasado, a décadas que parecían exterminadas, en años oscuros en los que los estadios vivían anclados en tiempos pretéritos y se toleraban conductas que hoy en día parecían completamente olvidadas.

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