El pacto de salud mental firmado esta semana en Asturias supone una de esas noticias positivas en un tiempo de polarización política y desencuentros. No es habitual que partidos, sindicatos, organizaciones sanitarias y agentes sociales logren un consenso amplio en torno a un problema que durante años ha permanecido oculto bajo el peso de otras urgencias. Sin embargo, la situación de la salud mental en el Principado es tan alarmante que el acuerdo no solo es un buen punto de partida: es, sobre todo, una necesidad impostergable.

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